//Los Guaraníes, el Pueblo de la «Tierra sin mal»

Los Guaraníes, el Pueblo de la «Tierra sin mal»

En la imagen superior, el Cerro Akatî, activo paisajístico del Paraguay como representación de una civilización que históricamente ha mirado con respeto la Naturaleza. Está ubicado en Independencia, a 600 m de altura sobre el colmado verdor de la flora paraguaya.

El término «Guaraní» procede de los gritos de guerra que escucharon los españoles al invadir su territorio. “Guará-ny”, que significa «combatirlos». De esta etimología se infiere que era un pueblo con identidad guerrera.»

La mitología Guaraní tiene como ser primigenio a Ñamandú, Nuestro Gran Padre o Ñanderu pa-patenonde («Nuestro Gran Padre último-primero»), quien se crea a sí mismo. Este proceso de auto creación de Ñamandú es el de un ser vegetal: se sostiene sobre sus Raíces (las divinas plantas de los pies), extiende sus Ramas (brazos con manos florecidas-dedos y uñas), construye su Copa (diadema de flores y plumas- Yeguaka) y se yergue como árbol, en postura de elevación celestial.

Una vez creado su cuerpo, Ñamandú crea a los otros dioses principales: Ñanderu py’a guasu («Nuestro Padre de Corazón Grande», padre de las palabras), Karaí (dueño de la llama y del fuego solar), Yakairá (o Yaraira, dueño de la bruma, de la neblina y del humo de la pipa que inspira a los chamanes) y Tupã (dueño de las aguas, de las lluvias y del trueno).

Pese a tener una rica mitología de tradición oral, los guaraníes no mostraban ostentación religiosa. No levantaban templos ni grandes lugares ceremoniales. Todo su entorno era parte de lo sagrado y orientado hacia la búsqueda de la Tierra sin Mal, en la cual el maíz crece solo y los hombres son inmortales. Esa búsqueda utópica les hacía ser un pueblo en permanente éxodo.

La búsqueda de la Tierra sin Mal era parte esencial de la cotidianidad de los Guaraníes. Así como la palabra, formaba parte de su propio ser de forma natural.

El guaraní no se escribía hasta la llegada de los misioneros jesuitas quienes desarrollaron una grafía y estandarizaron una gramática para esta lengua.»

Guaraní, una lengua natural

Cada lengua implica un canal para concebir la realidad; para codificarla y decodificarla bajo un tamiz cultural construido a través del curso de generaciones, impregnándose en ellas de una determinada manera de relacionarse con el entorno. Mucho dicen de los Guaraníes las variantes lingüísticas de la familia tupi-guaraní, divididas en tres subgrupos: los Guaraníes-Kaiowa, los Guaraníes-Mbya y los Guaraníes-Ñandeva. Se comunican en el idioma Guaraní y en dialectos que pertenecen a la familia Tupí-Guaraní. El Guaraní paraguayo es, junto con el español, lengua oficial de la República de Paraguay, mientras que el Guaraní correntino es co-oficial junto con el español en la provincia de Corrientes, Argentina.

Este idioma es, junto con el latín, el más utilizado en la catalogación de flora y fauna. Esta circunstancia se debe a que eran excelentes conocedores de su hábitat. Este hecho favoreció a los naturalistas, como Moisés Bertoni, catalogar flora y fauna desde el intercambio con los Guaraníes. Según el escritor rioplatense Benjamín Solari, “hablamos Guaraní sin saberlo», debido a su influencia en al catalogación de lo provisto por la Naturaleza.

Paraguay”, epicentro del pueblo Guaraní, deriva del vocablo “paraguá-y”, que significa «agua que forma un océano». De esta forma se significa el enorme acuífero paraguayo, el más privilegiado del planeta.

Tucán sobre un árbol de Moringa Biodinámica en la Finca Yguá, en Piraretã, Paraguay.

Origen de un gran Pueblo

Las poblaciones que han dado origen a los Guaraníes realizaron migraciones desde territorios localizados en la parte este del Brasil actual, que los llevaron en el siglo XII a.C. a ocupar los territorios donde aún hoy en día se encuentran. Se establecieron en la región que actualmente pertenece a Paraguay.

La tierra, “Yvy”, necesita ser continuamente cuidada mediante un comportamiento respetuoso y justo.»

Desde principios del siglo XVII, y durante más de un siglo y medio, los Guaraníes se administraron de conjunto con los misioneros jesuitas. Fundaron decenas de reducciones en las gobernaciones pobladas por este pueblo. Aislados del sistema económico hispanoamericano, fueron autosuficientes en el seno de comunidades ejemplares. Expediciones de encomenderos españoles y bandeirantes portugueses entraron en relación con ellas. Los encomenderos, a diferencia de los portugueses, no comprendían la relación con los Guaraníes dentro de la esclavitud, prohibida por la Ley Española.

Tras el Tratado de Madrid, firmado en 1750 entre Portugal y España, se modificó el reparto de posesiones ultramarinas de las 2 potencias, estableciéndose las fronteras entre Brasil y Paraguay.

La tradición ancestral agrícola Guaraní

Los guaraníes conservan una ingente tradición agrícola; no son pueblos nómadas. Ponen en práctica desde hace siglos normas de distribución de los medios de producción y de los productos, así como de colaboración basadas en profundos vínculos familiares. Conocían muchas especies de hierbas, que utilizaban tanto con fines nutricionales como para la cura de enfermedades.

Las técnicas agrícolas Guaraníes consisten en cultivos en medianas y en pequeñas parcelas aptas para la producción para el consumo personal (los kokue), normalmente inferiores a tres hectáreas. Los terrenos se limpian y se preparan para plantar semillas. Se utilizan durante varios años y se dejan reposar en barbecho hasta estar preparados para su nuevo uso.

Reducciones Jesuíticas Guaraníes.

Estos terrenos suelen encontrarse muy cercanos a la residencia de la unidad de trabajo y producción: la familia. Poseen una taxonomía botánica avanzada que permite óptimos resultados en la gestión de suelos y poli-cultivos, mediante diferentes especies alternadas en el mismo terreno.

Socialmente practican rituales importantes en la determinación de las formas de organización y cohesión social. Entre los más importantes se encuentran los ritos agrarios: avatikyry (bendición del maíz) y ñemongarai (nuevas plantas).

La tierra, “Yvy”, necesita ser continuamente cuidada mediante un comportamiento respetuoso y justo. Los Guaraníes son grandes ecologistas. Según la mitología Guaraní, el cuidado de la tierra les ha sido encomendado por el creador Ñande Ru Guasú (Nuestro Grande Padre).

Una de las tradiciones guaraníes en su conocimiento de lo que la Naturaleza puede aportar era beber agua con hierbas, lo que denominaban «Yguá».

Esa responsabilidad de origen cultural-divino sigue rigiendo sus ciclos de cultivo, que combinada con su profundo conocimiento del suelo y los excepcionales activos naturales de su geografía permite que buena parte de su producción agrícola sea de una calidad excepcional.

En la lengua guaraní no existe una palabra específica para la naturaleza, pues ese concepto entronca directamente con el global de su realidad. Para ellos “naturaleza” lo es todo, desde la espiritualidad hasta el sustento vital.»

Para los guaraníes, todo lo que está asociado con lo que los occidentales denominamos naturaleza tiene, como las personas, alma.

Cuando los conquistadores españoles entraron en contacto con los guaraníes, infirieron que esta cultura no era espiritual, pues no habían edificado templos ni iglesias. Sin embargo, los guaraníes siempre han tenido un profundo sentido trascendente. Su templo es la Naturaleza misma.

Localización de las misiones jesuíticas guaraníes en los actuales territorios de Paraguay, Argentina y Brasil. Credit: rowanwindwhistler.

Puntos comunes de la biodinámica con la cultura guaraní

Concepción sistémica

Para los guaraníes, el bosque (Kaa – en guaraní) tiene vida propia y compuesta de forma sistémica por todos sus elementos. Hay un sentido superior a cada una de sus partes, a través de los IYAS, que significa ·”dueños”.

Cada IYA o dueño vela por el ecosistema, protegiendo a sus especies y castigando a quien las agreda.»

De la misma forma, la agricultura biodinámica es un sistema de agricultura ecológica sustentado sobre la concepción de que la finca donde crecen los cultivos es una entidad orgánica compuesta por organismos interdependientes; un sistema que se auto-alimenta con preparaciones naturales creadas in situ. Por ello, las enfermedades de sus organismos no se tratan aisladamente, sino como un síntoma de desequilibrio en el global del sistema agrícola.

La influencia de la luna

El erudito paraguayo Dionisio González Torres, en su libro «Folclore del Paraguay», recoge algunas creencias de los guaraníes. En él recoge que ésta sella cultura precolombina sabía que “no se debe sembrar ni trasplantar durante luna llena o creciente; hacerlo de preferencia en menguante o luna nueva. Las maderas, los árboles no deben ser cortados durante luna llena y sí en menguante. Las podas tampoco deben ser hechas en luna creciente o llena y sí en nueva o menguante».

Así mismo, la agricultura biodinámica funciona en relación con los patrones de movimiento de la Luna y los planetas de nuestro sistema solar.»

Preparación de abonos Biodinámicos en la Finca Yguá, en Piraretã, Paraguay.

Agricultura y sociedad

La agricultura de los guaraníes se desarrolla de forma comunitaria, en el Tekoha.

El Tekoha de los guaraníes es una unidad política, económica y social, siendo también el espacio en donde el guaraní realiza sus actividades. El tamaño que lo conforma el núcleo familiar depende principalmente de los tamõi y jarýi (abuelo y abuela) que encabeza la familia, los cuales son responsables de velar sobre el sistema de trabajo, manteniendo el liderazgo específicamente de este grupo familiar para las tomas de decisiones denominados mediante el Aty Guazú, lugar de reuniones de la comunidad.

De similar manera, la agricultura biodinámica contempla los aspectos ecológicos, económicos y sociales de la actividad agricultural.»

Fuentes:

2019-08-13T22:32:50+00:00